Cómo armar el organigrama de tu restaurante según su tamaño

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Cuando un restaurante tiene cuatro o cinco empleados, la estructura jerárquica suele estar clara sin necesidad de dibujarla en un papel. El problema aparece cuando el equipo crece y nadie definió formalmente quién toma qué decisiones, lo que genera confusión justo cuando más se necesita claridad.

Para un equipo chico, basta con definir dos niveles

En un restaurante con un equipo reducido, suele ser suficiente definir un nivel de dueño o encargado general, y un segundo nivel con quienes lideran cocina y salón respectivamente. No es necesario inventar cargos intermedios que no se justifican todavía por el tamaño del equipo.

A medida que crece el equipo, conviene formalizar roles de supervisión

Cuando el restaurante pasa a tener varios turnos o más de un local, aparece la necesidad de un nivel intermedio: alguien que supervisa un turno completo o un local específico, y que responde directamente al dueño o gerente general. Sin este nivel, el dueño termina recibiendo consultas operativas de todos los empleados directamente, lo que se vuelve insostenible con el crecimiento.

Separar la estructura de cocina de la estructura de salón

Cocina y salón suelen tener cadenas de mando distintas dentro del mismo restaurante: un jefe de cocina que organiza al equipo de BOH, y un encargado de salón que organiza a meseros y personal de atención. Mezclar ambas líneas de reporte en una sola jerarquía genera conflictos sobre quién tiene autoridad para resolver qué tipo de problema.

Un organigrama dibujado no sirve si no se respeta en la práctica

Tener un organigrama formal en papel pero seguir resolviendo todo a través del dueño, saltándose a los encargados intermedios, anula el propósito de tenerlo. El organigrama solo funciona si las decisiones del día a día efectivamente se delegan a quien corresponde según esa estructura.

El organigrama también ayuda a planificar el crecimiento futuro

Definir con anticipación qué rol vendría después del actual, aunque todavía no exista la persona para ocuparlo, ayuda a planificar contrataciones futuras con criterio, en lugar de crear cargos de forma reactiva cada vez que surge un problema de gestión.

Revisar el organigrama cuando el negocio cambia de forma significativa

Abrir un segundo local, sumar una línea de catering, o duplicar el tamaño del equipo son momentos naturales para revisar si la estructura actual sigue teniendo sentido. Un organigrama que funcionó bien para un local de diez personas probablemente necesita ajustes cuando el negocio opera con treinta.

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